ACTIVIDADES

Propuesta de actividades para desarrollar el hábito de lectura en el área de Ciencias Sociales.

Según políticas institucionales se implementó la lectura diaria de quince minutos. Actualmente estamos leyendo el libro SANGRE DE CAMPEÓN. Autor, Carlos Cuauhtémoc Sánchez.

ACTIVIDADES COMPLEMENTARIAS

- Método auto didáctico de lectura rápida  comprensiva (LEA)
Autor: Pablo N. Gilabert

Lectura N° 8.
                                 Templos misteriosos de Guatemala

En 1853 se descubrieron en Guate­mala las ruinas de una inmensa ciudad maya: Tikal, uno de los centros urbanos más asombrosos de la brillante civiliza­ción que se extendió por América Cen­tral y cuyos orígenes siguen siendo mis­teriosos. Hasta ahora esos orígenes per­manecían fijados entre los siglos III y IV de nuestra era, pero otros descubri­mientos hechos recientemente en Tikal permiten suponer que se remontan a una época mucho más antigua.

Sólo desde 1956, y a raíz de un vas­to programa de excavaciones, la ciudad sepultada en la selva tropical empezó a revelar sus asombrosas riquezas, al mis­mo tiempo que confirmaba la amplitud de los conocimientos de los mayas en las esferas de las matemáticas, la astro­nomía, la arquitectura y la profusión de sus creaciones en la esfera del arte.
En Tikal, que cubre una extensión de 16 km2, se ha llegado a contar 3.000 edificios, columnatas, arcos de triunfo, estadios para el juego de pelota, obser­vatorios, residencias particulares, como también fabulosos templos-pirámides cuya altura varía entre 47 y 70 metros.
Estas pirámides dominan la inmensa selva de Peten, en medio de la cual se levantó la ciudad: selva hov noblada
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por jaguares, monos y miles de aves de paraíso, así como también por la ceiba, el árbol sagrado de los mayas, algunos de cuyos ejemplares alcanzan 150 me­tros de alto.
La mayor parte de los edificios des­cubiertos en Tikal fueron construido^ entre el año 500 y el 900, en ei período llamado clásico, pero el estudio de los cimientos de los templos ha permitido descubrir plataformas superpuestas que indican ua trabajo ue construcción an­terior en 1.000 años a la fecha atribuida a los edificios.

Recurriendo a la imagen del ar­queólogo norteamericano William R. Coe, diremos que Tikal se presenta co­mo un "iceberg"; con relación a la masa sumergida, la parte que ha salido a la luz es ínfima. La verdad es que el mun­do maya ha librado muy pocos de sus secretos hasta la fecha.

Examen de comprensión.
1      ¿En qué año fueron descubiertas las ruinas de Tikal?
En 1835        b  En 1853        c  En 1583
2      ¿Entre qué siglos se había calculado su origen?
a  Entre el I y el III de nuestra era
b   Entre el III y el IV de nuestra era
c  Entre el IV y el V antes de nuestra era
3  ¿A partir de qué año la ciudad comienza a revelar sus secretos?
De 1965           b  De 1956           De 1856
4    ¿Qué extensión tiene la ciudad de Tikal?
a.   61  Km2             b.  16 Km2                c.   26 Km
5      ¿Cuántos edificios se llegaron a contar?
2.000                b  1.000                c  3.000
6. ¿Entre qué cantidades varía la altura de los edificios?
Entre 27 y 70 metros
Entre 37 y 60 metros
Entre 47 y 70 metros

7. ¿Cuál era el árbol sagrado de los mayas?
El ceibo         b  El paraíso       c  La ceiba
8  ¿Qué altura suelen alcanzar estos árboles?
a   20 metros          b   105 metros         c   150 metros
9  ¿Entre qué años, del llamado período clásico, fueron cons­truidos los edificios de Tikal?
a. Entre el 500 y el 800 b. Entre el 600 y el 900 c. Entre el 500 y el 900
10 ¿En qué medida el mundo maya ha revelado sus secretos?
Poco                b  Mucho           c   Muy poco



Lectura N° 17

EL HAMBRE Y LA SED


El hambre y la sed son dos procesos más bien complicados, complejos. Pueden definirse como instintos que inducen al in­dividuo a ingerir alimento o agua. Tanto en el hambre como en la sed, pueden re­conocerse dos componentes: uno sensitivo y el otro constituido por un estado fisioló­gico. En el hambre, la sensación viene dada por una especie de espasmo o de sensación de vacío que se nota a nivel del estómago (debido a las contracciones de este órgano vacío). Dicha sensación es una señal que nos advierte de cuándo debemos comer; pero qué debemos comer, nos lo indica general­mente eso que llamamos "apetito". En el hambre, el estado fisiológico nos informa sobre la cantidad de alimento que debemos ingerir, regulando así las calorías introdu­cidas en relación con nuestras necesidades. En la sed, la sensación está constituida, más que por otras causas, por la sequedad de las fauces, mientras que el estado fisiológi­co depende de la verdadera necesidad de agua que tiene el organismo. No podemos todavía dar una explicación completa y exhaustiva de estas sensaciones tan comple­jas, pero veamos, en todo caso, en qué me­dida participa en ellas el hipotálamo.

En el hipotálamo existen dos centros: el "del comer", situado en la región late­ral, y el "de la saciedad", situado ventral e internamente. De su equilibrio depende el mantenimiento del peso corporal y de su alteración pueden derivarse la obesidad o la delgadez; en lo que respecta a la sed, se ha evidenciado también en el hipotálamo una región que provoca el impulso de beber.
Pensando de nuevo ahora en estos mecanis­mos, surge espontánea la pregunta de cómo actúan estos centros para ser informados de las necesidades orgánicas. Con respecto al hambre, hay dos teorías: la primera dice que las células nerviosas del centro "del co­mer" son sensibles a la cantidad de glucosa presente en la sangre (que, dentro de cier­tos límites, depende de los alimentos intro­ducidos), en el sentido de que su disminu­ción excitaría al centro "del hambre", mien­tras que inhibiría el de "la saciedad". La segunda afirma que estos centros son sensi­bles a la temperatura del cuerpo (que de­pende, en parte, de la cantidad de calorías introducidas con los alimentos), en el sen­tido de que su disminución pondría en marcha el centro "del comer", mientras que inhibiría el "de la saciedad". Con respecto a la sed, se han descubierto grupos de célu­las nerviosas hipotalámicas que registran las variaciones de concentración de los líquidos en el organismo: cuando los líquidos están más concentrados, el organismo siente la necesidad de beber.

Según el texto responde:

1.     ¿Cómo pueden definirse el hambre y la sed?
2.     ¿A qué se debe la sensación de vacío que se nota a nivel del estómago?
3.     ¿En qué región del hipotálamo está el centro “del comer”?
4.     ¿Qué depende del equilibrio de los centros “del comer” y de “la saciedad”?
5.     ¿Cuántas teorías existen con respecto al hambre? Explica cada una de ellas.
6.     ¿De qué depende la cantidad de glucosa en la sangre?
7.     ¿De qué depende la temperatura del cuerpo?
8.     ¿Cuándo siente el organismo la necesidad de beber?


Lectura N° 25

                          La raza

El vivo interés que tenemos en conocer las características físicas de nuestra especie es perfectamente natural; ahora bien, esta misma curiosidad nuestra puede conducirnos a una visión incompleta del problema. El estudio de las variedades humanas, las lla­madas razas, es en realidad una rama de la zoología. El hombre está regido exactamente por las mismas leyes biológicas que los de­más mamíferos, y sus variaciones actuales han sido producidos en virtud de procesos evolutivos idénticos. Si aspiramos a poner en claro el origen de las razas y valuar correc­tamente la importancia de las diferencias ra­ciales, es preciso olvidar que tratamos del hombre; sólo así podremos estudiar nuestra propia especie de un modo tan objetivo como cualquier otra. Probablemente debido a cau­sas históricas muchos cultivadores de la an­tropología física no acertaron a trabajar así. Esta ciencia parece haber tenido muchas más dificultades para romper con su pasado que las restantes ramas de las ciencias na­turales.
La antropología física se constituyó como ciencia independiente hacia fines del siglo XVIII y principios del XIX. Comenzó sien­do una mezcla de la anatomía y la zoogeografía de la época, y sus primeros pasos se diri­gieron exclusivamente a ordenar las varie­dades humanas y al desarrollo de técnicas de observación que proporcionaran el mayor grado posible de exactitud a las clasificacio­nes. En sus comienzos fue una ciencia pu­ramente descriptiva, que sólo por incidencia trataba el problema del origen de las razas y la dinámica de la variabilidad humana.
Aun cuando de ninguna manera podía dejar de lado estos problemas, los examinaba muy a la ligera. A ello se debió que las primeras hipótesis que se hicieron sobre estas cues­tiones se convirtieran en dogmas que aún hoy continúan ejerciendo profundo influjo sobre el pensamiento de muchos de los hom­bres de ciencia que trabajan en estas acti­vidades.
Los primeros investigadores lucharon con el inconveniente de la escasez de material no europeo, con el desconocimiento de los principios de la herencia biológica y con la falta de técnicas apropiadas que permitieran distinguir las razas puras de las mezcladas. Los materiales que estudiaron indicaban la existencia de gran número de variedades humanas, pero exhibiendo combinaciones tan irregulares de rasgos físicos que resultaban en extremo difíciles fundar sobre ellas un orde­namiento satisfactorio. Las clasificaciones ba­sadas en una sola característica, por ejemplo, la forma de la cabeza, conducen a resultados no coincidentes con los grupos establecidos si se adopta como base de clasificación otro carácter como el color de la piel o la tex­tura del cabello. Precisamente por esta épo­ca, la teoría de la evolución comenzaba a ser divulgada, pero su aceptación distaba mucho de ser general. Los primeros antro­pólogos físicos todavía creían que cada es­pecie o variedad era el resultado de un acto de creación independiente llevado a cabo por el Supremo Hacedor y, por tanto, con características fijas e inmutables.
Es evidente que todo el problema de los orígenes de las razas y de sus relaciones

mutuas necesita revisarse a la luz de los co­nocimientos biológicos modernos. Al tratar de hacerlo podemos, por ahora, dar de lado a las clasificaciones. Si es cierto que éstas han ejercido siempre profundo efecto sobre nuestro pensamiento, no lo es menos que constantemente han sido impuestas desde fuera, y no tienen relación funcional con el material de donde arrancan. En primer lu­gar, que las variedades humanas existentes pertenecen a la misma v única especie lo demuestran las pruebas biológicas más ele­mentales. Todas ellas se cruzan produciendo hJbridos fértiles que parecen ser nías fecun­dos que sus progenitores o por lo menos de vigor semejante. Los resultados biológicos del cruzamiento de razas humanas parecen obedecer a ías mismas leyes que los obser­vados cruzando razas dentro de cualquier es­pecie animal o vegetal siempre que las líneas o castas de los reproductores se hayan fijado por consanguinidad. Teniendo esto presen ¡e no es probable que las variedades humanas deriven de especies infrahumanas distintas. Aunque prescindamos de tas pruebas apor­tadas por la hibridación, es incuestionable el hecho de que todos los seres humanos per­tenecemos a la misma especie. Las diferen­cias físicas que se aprecian entre las varie­dades humanas nos parecen grandes porque las vemos muy de cerca, del mismo modo que estimamos con facilidad los ragos defi­nitivos de las gentes que conocemos y no nos pasa lo mismo cuando se trata de ex­traños. Ahora bien, las desigualdades obser­vables entre las razas humanas, aun las más dispares, no son muy grandes, y todas ellas se refieren a características secundarias. Nues-

tra piel presenta distintos matices o tonos de color, y lo mismo se observa en otros mamíferos. Igual sucede con las diferencias de estatura y con la amplitud considerable de variación que se manifiesta en desigualda­des de mayor cuantía, como, por ejemplo. la textura del cabello, forma del cráneo v proporciones de los miembros. No obsu el esqueleto, los órganos y la musculatura son sensiblemente idénticos en todas las ra­zas humanas, y si existen algunas diferencias son tan mínimas que sólo pueden apre­ciarlas los especialistas. El estudio minucioso de cualquier otro mamífero que exhiba también gran amplitud de variación, reve­lará poco más o menos la misma y, en mu­chos casos, hasta es posible que mayor varia­bilidad. Así, por ejemplo, la máxima fluc­tuación de nuestra especie no supera a la observada en el oso negro y es sólo la mitad de la que se aprecia en una especie de mono-araña de Sudamérica, y si estudiamos los animales domésticos reconoceremos aue su variabilidad es considcí~ablep¿enfp ci¡rw». rior. Entre las razas humanas no se dan dife­rencias que se puedan comparar ni remota­mente con las que se manifiestan entre un faldero y un galgo, o mejor, entre un toro Hereford y un buey de Texas "viejo estilo", con cuernos largos. Dado que el hombre es un animal doméstico con área de dispersión superior a la de cualquier otro mamífero, lo sorprendente no es que haya producido dife­rentes variedades, sino que éstas no sean mucho más diferentes de lo que son.

Examen de comprensión

1. El estudio de las razas es una rama de la:
a. Sociología
b. Psicología
c. Zoología
2.  Si aspiramos a poner en claro el ori­gen   de  las  razas,  es preciso  olvidar que:
a. Tratamos del hombre
b. Tratamos de los mamíferos
c. Tratamos de la antropología
3.   La  antropología  física se  constituye como ciencia independiente entre los
siglos:
a. XVI y XVII
b. XVIII y XIX
c. XVII y XVIII
4. La antropología física, en sus comien­zos, fue una ciencia:
a. Puramente descriptiva
b. Solamente informativa
c. Puramente analítica
5. Las variedades humanas pertenecen a:
a. La misma y única especie
b. Cuatro especies distintas
c. Un número incontado de especies

6. El cruzamiento de razas produce:
a. Híbridos poco fecundos
b. Híbridos muy débiles
c. Híbridos fértiles
7. Las   desigualdades observables  entre las razas humanas son:
a. No muy grandes
b. Muy grandes
c. Enorme                                                
8. El esqueleto, los órganos y la muscu­latura, son en todas las razas humanas:
a. Aproximadamente iguales
b. Distintos
c. Sensiblemente idénticos
9. La   máxima   fluctuación   de   nuestra especie no supera a la observada en el:
a. Pez espada
b. Oso negro
c. Lobo marino
10. Es sorprendente que el hombre, como animal doméstico, no haya producido variedades:
a. Menos diferentes de lo que son
b. Mucho más diferentes de lo que son
c. En mayor cantidad


Lectura N° 56

                         Café de la costa

Para el consumidor de café de un país que no lo produce, la competencia y la publicidad que la sostiene, puede parecer en cierto modo innecesaria, porque el buen café siempre merecerá nuestro beneplácito; pero el pensamiento del cultivador es muy otro. Están en juego muchos años de es­fuerzos y las expectativas futuras, no siem­pre aprisionadas en una mano, pueden convertirse en un factor de incertidumbre y de inseguridad.
Comprar medio kilogramo de café en un negocio es tarea de pocos minutos. Para hacer esto posible, en cambio, es ne­cesario un largo proceso de 5 años, desde que el cafeto nace hasta que rinde frutos agrados. Para que la cosecha sea buena, conviene que durante diez meses el clima transcurra con una determinada regulari­dad. El tiempo caluroso no debe tener temperaturas superiores a los 25° ni infe­riores a los 18°; las lluvias son nocivas tanto si sobrepasan los 1500 mm como si no alcanzan los 1100 mm.
El café no es originario del Brasil, Colombia o Ecuador. Su cuna está en la región africana de Kaffa, Abisinia (Etio­pía) . Hace aproximadamente 500 años fue descubierto inciden taimen te; lo bebían los acólitos y profetas árabes (muslims) antes de las ceremonias religiosas. Su poder de excitación los hacía más enérgicos y lo­cuaces. Durante el Renacimiento pasó a Europa y se convirtió en un remedio que usaban los médicos.
El café tiene efectos diuréticos. Co­menzó siendo un estimulante de predica­dores; fue, como se ha dicho, medicina durante el Renacimiento y ha llegado a ser hoy la bebida acaso más popular en el mundo occidental.
La introducción de su cultivo en Amé­rica tiene una historia casi dramática. Un oficial francés, en los tiempos de Luis XV y Madame Pompadour, decidió cultivarlo en Martinica, isla de las Pequeñas Antillas, situada entre la Dominica y Santa Lucía. Gabriel M. De Clieu, que así se llamaba el oficial, consiguió en 1 723 que Luis XV le regalara algunas plantas de café que había en los invernáculos de Versalles. El viaje a través del océano resultó un suplicio para él. Al prolongarse la travesía, el capi­tán tuvo que racionar el agua y Clieu re­solvió compartir su escasa porción con las plantas. Escuálido y envejecido arribó a puerto, pero las plantitas habían sobrevi­vido. El esfuerzo del oficial francés fructi­ficó, y ya en 1777 existían en América 19.000.000 de cafetos. De este modo fue como el tipo de café arábigo pasó de África a América.

Al ser plantado en diversas zonas, el café adquirió gustos particulares. En Cen-troamérica y Colombia predomina el de gusto suave y en el Brasil el semi-fuerte. El fuerte, de inferior calidad, se cultiva en África. La altura es la que determina fundamentalmente la mayor o menor sua­vidad del preciado fruto. Cuanto más alto se cultiva, más suave es. La altura ópti­ma se da entre los 1.000 y 2.000 metros. Además, la planta necesita mitad del día soleado y mitad sombreado. Por ello se la cultiva bajo el follaje de árboles mayores o en las laderas de las montañas donde normalmente se alternan estos dos períodos.

Examen de comprensión

1. Desde que el cafeto nace hasta que rinde sus frutos han pasado. ..
a. 63 años.
b. 5 años,
c. 15 años.
2.      El café es originario de. .,
a. Brasil.
b.  Ecuador.
c.   Etiopía.
3.      Fue descubierto hace aproximadamente. ,.
a. 1.200 años.
b. 1.600 años,
c. 500 años.
4. En 1777 existían en América..,
a. 10 millones de cafetos.
b.  29 millones de cafetos,
c. 19 millones de cafetos.
5. La altura óptima para el cultivo de cafetos es entre. .
a. Mil quinientos y tres mil metros.
b. Doscientos y mil metros

c. Mil y dos mil metros

Lectura N° 60
             El vuelo nupcial
Se me figura que son pocos los que han violado el secreto de las bodas de la reina abeja, que se verifican en los re­pliegues infinitos y deslumbradores de un hermoso cielo. Pero es posible sorprender la vacilante partida de la desposada y el mortal regreso de la esposa.
A pesar de su impaciencia, elige su día y su hora, y espera a la sombra de las puertas que una mañana maravillosa se derrame en el espacio nupcial, del fondo de las grandes urnas azuladas. Le gusta el momento en que un poco de rocío baña con un recuerdo las hojas y las flores; en que la última frescura del alba desfalle­ciente lucha en su derrota con e! ardor del día, como una virgen desnuda en bra­zos de un robusto guerrero; en que el silencio y ias rosas del mediodía que se acerca dejan penetrar todavía, acá y allá, algún perfume de las violetas de la ma­ñana y algún grito transparente de la aurora.

Aparece entonces en el umbral, en medio de la indiferencia de las colectoras que no interrumpen su trabajo, o rodeada de obreras desconcertadas según que deje hermanas en la colmena o que ya no sea posible reemplazarla. Emprende su vuelo a reculones, vuelve dos o tres veces a la tablilla de abordaje, y cuando ha grabado en su espíritu el aspecto y la situación exacta de su reino que nunca vio de afuera, parte como una flecha hacia el cénit del azulado espacio. Elévase así a una altura y a una zona luminosa que las demás abejas no afrontan en ninguna época de su vida. A distancia, en torno de las flores en que flota su pereza, los machos han notado la aparición y respirado el perfume magné­tico, que se esparce hasta las colmenas vecinas. En seguida las hordas se juntan y se lanzan en su seguimiento al mar de alegría cuyos transparentes límites cambian de sitio. La reina ebria de sus alas, y obede­ciendo a la magnífica ley de la especie, que elige para ella su amante y quiere que sólo el más fuerte la alcance en la soledad del éter, sube y sube, y el aire azul de la ma­ñana penetra por primera vez en sus estig­mas abdominales y canta como la sangre del cielo en las mil redecillas unidas a los dos sacos tráqueos que ocupan la mitad de su cuerpo y se nutren del espacio.
Y sigue subiendo. Es preciso que al­cance una región desierta que ya no fre­cuentan las aves que podrían turbar el misterio. Se eleva aún más, y ya la tropa desigual disminuye y se desgrana bajo ella. Los débiles, los achacosos, los viejos, los raquíticos, los mal alimentados de las col­menas inactivas o miserables, renuncian a la persecución y desaparecen en el vacío. Ya <ólo queda en suspenso en el ópalo infi­nito un pequeño grupo infatigable.
Ella pide un último esfuerzo a sus alas, y el elegido de las fuerzas incompren­sibles la alcanza, la penetra, y llevada de un doble impulso, la espiral ascendente de su vuelo enlazado remolina un segundo en el delirio hostil del amor.
Inmediatamente después de realizada la unión, el vientre del macho se entreabre, el órgano se desprende, arrastrando la masa de las entrañas, las alas se pliegan, y ful­minado por el rayo nupcial, el cuerpo va­ciado da vueltas y cae en el abismo.  

Examen de Comprensión
1.      ¿Quién elige el día y la hora de las bodas?
2.       ¿Por qué razón realiza pequeños vuelos previos?
3.       ¿El vuelo de las obreras es igual al de la reina?
4 .      ¿Cuál es la actitud de los machos ante la partida de la reina?
5.       ¿Cuántos machos le darán alcance?
6. ¿Qué región es preciso que alcance su vuelo?
7. A medida que se gana en altura, ¿qué pasa con los machos?
8. ¿Qué le sucede al macho inmediatamente después de la unión?

LECTURAS GRUPALES

GRADO 8° C

Libro: El viejo y el mar de Ernest Hemingeway

GRADO 9° A

Libro 1: La gratitud y el perdón de Nancy Leigh De Moss

Libro 2: Cuentos de Tomas Carrasquilla


GRADO 9° B

Libro: El principio de la pureza de Randy Alcorn


GRADO 11 °

Libro: De la Tierra a la luna de Julio Verne










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